Memories Of Murder _ Movie Review

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Memories of murder (Salinui chueok)

2003_ Bong Joon-ho_Corea del Sur

“Así que los tipos listos como tú pueden irse a los malditos Estados Unidos”

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AUTOR: PABLO ARANDA

Memories of Murder es ante todo un thriller. Bastante atípica pero un thriller. Con el pulso necesario para narrar con crudeza la búsqueda de un asesino en serie pero con todos los otros elementos que hacen a los personajes humanos y que son ignorados en las películas de este género. Los detectives en Memories of Murder se equivocan y lo hacen mucho durante toda la película pero además se emborrachan, comen como animales, discuten, manchan pruebas y pierden los papeles como todos hacemos. La película narra los crímenes reales sucedidos en la región coreana de Gyunggi entre 1986 y 1991, lapso amplio de tiempo que no es aclarado en la película de forma explícita sino en la evolución de los personajes durante su metraje.

En este contexto, donde las autoridades están más ocupada reprimiendo manifestaciones que en resolver los asesinatos, la policia local muestra su incompetencia para resolver el caso y su voluntad de culpar al primero que encuentren ya sea falsificando pruebas o obligando a confesar bajo tortura. El detective Park, verdadero protagonista de la película, se vale de cotilleos e incluso la intermediación de una vidente para lograr alguna prueba que le conduzca al asesino. Pero al detective venido de Seúl, que inicialmente se rebela ante esta situación, no parece irle mucho mejor y al final de la película muestra los mismos vicios, ya desesperado al no ser capaz de encontrar al asesino. No hay ningún héroe en esta historia como tampoco abundan en la realidad y la idea inicial del espectador de que todo se resolverá se va diluyendo conforme nos familiarizamos con los personajes y su entorno. No es Memories of Murder un thriller al uso, donde los brillantes detectives hallan pruebas de la más mínima evidencia. Muy al contrario, al encontrar la segunda víctima vemos al detective Park como desesperado trata de evitar que un tractor borre las huellas de un vehículo o de que los agentes locales manoseen el cuerpo de la víctima.

La brillante mezcla de géneros es, sin duda, uno de los rasgos del director Joon-ho Bong que posteriormente logró en The Host (2006) o Snowpiercer (2013) y que aquí logra en ésta, su segunda película, sus mejores resultados. La genial escena donde la reconstrucción del asesinato por parte del retardado Kwang-ho es obligado a recrear un asesinato que no cometió ante un agente travestido, con el agente Seo clama por su inocencia mientras el padre del sospechoso grita al fondo supera en mucho lo patético y nos hablan no sólo de unos detectives incompetentes sino de un tiempo y de un lugar en el que el sistema carecía de las más elementales garantías legales y en la que el crimen era combatido con violencia e impunidad. La crítica de Joon-ho Bong es transversal y salpica a todos los estamentos de la dictadura coreana de Chun, unos políticos preocupados por reprimir las manifestaciones en su contra y unos cargos policiales obsesionados en cerrar el caso, aunque sea en falso. El tono pesimista de la película va ganando terreno conforme avanza el metraje; las iniciales escenas costumbristas en el pueblo y en la caótica comisaria van perdiendo peso conforme las discusiones y la violencia contra los sospechosos ganan terreno, dando al tercer acto un cariz plomizo. La película concluye con un epílogo que se desarrolla años después, ya en democracia, y que, lejos de arrojar luz sobre el caso, nos deja un sabor amargo, un tono pesimista que muestra que nada ha cambiado y que lleva al espectador al punto donde comienza la historia, donde todo sigue exactamente igual.

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